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INFORME DE LA CONTADURIA GENERAL

sobre Propuestas de Acuñación de Moneda de Plata
 

Montevideo, 21 de Febrero de 1877.

Contaduría General.

La Contaduría General ha examinado las doce propuestas agregadas a este expediente, numeradas correlativamente desde el primero y encuentra que en todas ellas son aceptadas las bases propuestas en el aviso de licitación corriente a fojas una.

Pero no todas las propuestas obedecen a un principio, en cuanto a la manera de realizar la operación, observándose que por algunas se dejan los riesgos y eventualidades de la fabricación del millón de pesos a cargo del Estado, quien deberá abonar además una comisión al adjudicatario desde el dos y medio hasta el diez por ciento, mientras que por otras, los proponentes se exponen a todas las eventualidades del negocio, ofreciendo algunos ceder al Estado una parte de los lucros que calculan obtener.

Al primer sistema corresponden las propuestas marcadas con los números 4, 8, 9, y 10. La Contaduría cree, salvo mejor parecer, que al Gobierno no le conviene contratar bajo bases de esa naturaleza, porque ni la posibilidad de sus medios, ni la situación de su crédito, ni aún la urgente necesidad de moneda menor, le permiten entregarse a especulaciones de metales y cambios, quedando sujeto a la incertidumbre y demoras de los negocios de esta clase, que han de realizarse en mercados lejanos y bajo hipótesis diversas.

Es sensible que objeciones de tal fuerza obliguen a poner de lado propuestas tan formales como la número 8; por ejemplo, a fojas once del expediente, suscrita por una casa sumamente respetable, cuyo principal reside en el lugar de uno de los mejores talleres de acuñación de Francia, teniendo por tanto especial facilidad para dirigir y vigilar la operación, y que sólo pide una módica comisión por su responsabilidad e intervención en el negocio de que se trata. Por otra parte, desde que existen propuestas que dejan todas las eventualidades a cargo de sus autores, asignando, a mayor abundamiento y desde ahora, una parte de utilidades al Gobierno, la Contaduría debe preferirlas, aunque a su juicio, la última circunstancia no sea lo que más deba preocupar en asunto de esta naturaleza.

A consecuencia, pues, de lo expuesto, la Contaduría prescinde de las propuestas números cuatro, ocho, nueve y diez, para contraerse exclusivamente a las del segundo sistema, que son las ocho restantes; y aún de estas mismas, prescindirá de las marcadas con los números uno y cinco, por los cuales ninguna participación en las utilidades se asigna al Estado; limitándose a analizar en su conjunto las otras seis y a demostrar las ventajas que respectivamente ofrecen, resolviéndose al fin por la que en su concepto las ofrezca mayores.

Ya se ha hecho observar que todas aceptan y se someten a las bases de adjudicación contenidas en el aviso oficial de treinta de Diciembre, de modo que sólo resta demostrar las condiciones en que difieren sobre utilidades y forma de pago.

Por la propuesta número dos se consigna a favor del Gobierno el beneficio neto de un cinco por ciento, que es eso lo que importa, aunque mal redactada la oferta de entregar cada peso de plata a razón de noventa y cinco centesimos; de modo que haciéndose ese descuento en cada entrega de doscientos mil pesos, el Estado vendrá a pagar finalmente por el millón de pesos en plata, la suma redonda de novecientos cincuenta mil pesos en moneda de oro de curso legal.

El proponente se obliga a importar la primera entrega a los cinco meses de celebrado el contrato y todas las demás con intervalos de cuarenta días.

Las verificaciones adicionales que indica respecto a la calidad de la moneda, ya en Francia, después de fabricada, ya en Montevideo, son inútiles desde que esté garantida por el fabricante y por el superintendente de las casas de moneda, cuya intervención y responsabilidad oficial debe previamente ser solicitada y obtenida por el Gobierno. Las verificaciones para ser eficaces, deben hacerse en cierto estado de la manipulación, indicado por la ciencia y marcado por los reglamentos y no después de salida la moneda del taller.

La propuesta número tres solicita la suma de treinta y cinco mil pesos más del millón, dejando este superávit a favor del Gobierno.

Por la número seis se ofrece el beneficio de un cuatro por ciento, comprometiéndose a hacer las importaciones en los plazos que se acuerden (base cuarta fijada en el aviso) y a cobrar en oro en valores de cartera, descontados a cargo del Gobierno.

Esta propuesta tiene el defecto de no indicar la casa, ni aún siquiera la Nación en que deberá fabricarse la moneda, limitándose a hablar de Europa en general, lo que sería un obstáculo para solicitar la aquiescencia e intervención del Gobierno respectivo.

Por la propuesta número siete, se ofrece compartir con el Estado las utilidades del negocio, asignándose determinadamente el tres y un octavo por ciento o sean pesos treinta y un mil doscientos cincuenta.

La plata puede ser acuñada en Francia, Inglaterra o Bélgica y pagada a su importación en oro sellado en valores descontables en plazo o en letras de Aduana, siendo el descuento a cargo del Gobierno.

Por la propuesta número once se ofrece importar el millón de pesos según las bases oficiales, haciendo la acuñación en la casa de moneda de París en los plazos que se acuerden.

Se ofrece igualmente al Gobierno un cinco por ciento de utilidad. Por lo demás la firma proponente ha omitido una circunstancia substancial, cual es la de expresar las condiciones con que hará las importaciones y entregas de la moneda nacional de conformidad a la base sexta del aviso.

Por la propuesta número doce, se adjudica al Gobierno el beneficio de un centésimo por ciento, esto es, se le asignan diez mil pesos de utilidad, haciéndose la acuñación en las casas de moneda de Francia e importando el millón por quintas partes, entregando la primera a los seis meses y las demás con intervalos no mayores de tres meses.

El pago de las entregas se hará por Tesorería en oro sellado, con el descuento de uno por ciento. Tal es la substancia de las propuestas números dos, tres, seis, siete, once y doce, que son a juicio nuestro y salvo parecer, las que pueden entrar en competencia.

La más ventajosa de todas por el lucro que ofrece, por la precisión de sus términos y por la cortedad de los plazos que fija para la primera y las sucesivas entregas, es la número dos, firmada por Paullier Hermanos.

Sigue inmediatamente la número seis, firmada por un señor Maya, que ofrece un lucro de uno por ciento menos. Por aquélla el pago deberá hacerse en oro sellado de curso legal, a medida de cada entrega de plata.

Por ésta (por la de Maya) el pago podrá hacerse en igual especie o en valores de Cartera. No disponiendo el Gobierno de otros valores de cartera que las letras de Aduana que representan oro, el pago al final sería en la misma especie, desde que el documento quede a cargo del Gobierno, resultando siempre la ventaja del uno por ciento de beneficio en favor de la propuesta número 2.

En cuanto a las fianzas que respectivamente se ofrecen, la ventaja está más bien en favor del señor Maya, quien la ofrece a satisfacción del Gobierno, mientras los Señores Paullier la limitan a cincuenta mil pesos en liquidaciones que no tienen más favor real que el que el Gobierno les asigna.

La Contaduría, sin embargo, reserva la calificación de las fianzas, así como de otros puntos discutibles o dudosos a competencias más calificadas que la suya.

Uno de ellos es la preferencia que se acuerda a la propuesta número 6 sobre la número 11, por la cual se ofrece al Estado un lucro igual al de la número 2, esto es, el cinco por ciento.

La Contaduría la ha propuesto sólo por la omisión padecida de una circunstancia esencial en esta clase de propuestas pues sin eso sería más ventajosa que la de Maya y aún que la de Paullier Hermanos, en razón de ofrecer para la seguridad del Contrato, las fianzas que el Gobierno juzgue satisfactorias. En concepto de la Contaduría y aún cree que en el del Gobierno también, el asunto es más de garantías de ejecución que de lucros y de formas de pago.

Para verificar éste con puntualidad, no puede objetarse ningún inconveniente serio, desde que en la Aduana entra anualmente una cantidad en moneda de oro de tres millones trescientos mil pesos. Así es que, fijándose con precisión las fechas de las entregas de plata, pueden retenerse cantidades equivalentes en oro, haciéndose sin dificultad las permutas.

Por lo demás, ya se sabe que la plata de que se trata, en el carácter de moneda subsidiaria, tendrá curso legal y debe ser recibida por su valor nominal, que está en exacta proporción con su ley y con su peso, no pudiendo circular (las piezas divisorias al menos), junto con las de cuño extranjero, admitidas sólo por necesidad y provisoriamente en la circulación.

Lejos, pues, de existir inconvenientes, habría contrariamente indisputable conveniencia en estipular esto mismo y también en establecer que las entregas de a peso y de medio peso, se reserven para lo último, pues las que más falta hacen son las de diez y veinte centésimos.

De desear sería igualmente que el cobre volviese a sus naturales y modestas condiciones, desde que desaparezca la causa que actualmente hace tolerar la intervención de ese vellón en los pagamentos reservados a la moneda auxiliar; porque si después de importada ésta, se prosiguiese tolerando ese abuso, el cobre continuaría ocupando en los trocos y negocios menores el lugar de la plata, exponiendo al país a las consecuencias de importaciones falsificadas, por el aliciente que indudablemente ofrece el uso que actualmente se hace del expresado vellón.

Por lo demás, la observación que en una de las propuestas se hace, con relaciones a los troqueles, es muy exacta, pudiendo, sin embargo, evitar los defectos de construcción, con sólo estipular que sean abiertos y construidos con toda perfección, en la misma casa que fabrique la moneda y que el acero sea de la mejor calidad, haciéndose extensiva la fianza a los instrumentos de fabricación que deben quedar para el Estado, de modo que al recibirlos estén aptos para su especial destino.

V. E., no obstante, resolverá.

Montevideo, Febrero 26 de 1877.

T. Villalba.

 
 
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